La vaca Inmobiliaria vuelve a mugir y asusta a la memoria

Los veinte años pasados debieran darnos ya una justa perspectiva que impidiera caer en los mismos errores, pero cada día que pasa me da más la risa. Todo comenzó cuando en 1998 ese banquero de pega que ahora vive en la cárcel de Soto del Real, Rodrigo Rato, tuvo la luminosa idea de liberalizar el suelo y cambiar la Ley de 1990, impulsada por el PSOE, que había conseguido un nulo incremento de precios e incluso un descenso de la inflación inmobiliaria durante la crisis de 1992. El Ejecutivo de Aznar plasmó en la Ley del Suelo de 1998 la idea del que luego sería director del FMI y presidente de Bankia. A partir de ese momento, no sólo se comenzó a fraguar la inmensa burbuja inmobiliaria cuyas consecuencias hemos pagado, pagamos y pagaremos durante mucho tiempo aún, sino que además se incorporó a nuestro acervo político el corrupto organigrama de políticos, terratenientes, bancos y constructoras, que comienza de nuevo a florecer entre los cascotes.

La ley de Rato, lejos de bajar el precio de la vivienda, como pregonaban que sucedería, comenzó a subirlo de forma exponencial en una escalada sin parangón. Y es que otorgó un poder muy amplio a Ayuntamientos y Comunidades Autónomas para decidir qué suelos eran recalificables y urbanizables y cuáles no. Y con ese poder llegó la corrupción, de la mano y maletines de terratenientes, promotores y constructores, que veían más pelotazos a su alrededor que en todos los partidos de la liga de fútbol.

Periódicamente y cada vez con mayor asiduidad, aparecen en los medios promotores pidiendo más suelo para que bajen los precios y construir en un país al que le sobran viviendas…parece que nos hemos olvidado de que esos argumentos tienen ya 20 años.

Pero Aznar y su banda quedaron encantados con los resultados de la idea de Rato. Se generaban más empleo y riqueza que nunca, la prosperidad alcanzaba a la mayoría y traíamos dinero del futuro a carretones, para repartirlo de manera proporcional “Paquí Pallá”.

Y quien más, quien menos, todos nos aprestamos a sacar tajada del inmenso negocio que acababa de inaugurarse. Y generamos una inmensa deuda privada al amparo de políticas gubernamentales, que apoyaban la inversión en vivienda con desgravaciones y acallaban por antiespañol cualquier mensaje alarmista. Y en esa locura común, el sector de la construcción creció a un ritmo del 5% anual, fabricando pisos como rosquillas en verbena, pisos que alimentaron un sentimiento especulativo en la población que se endeudaba con viviendas infladas de precio, porque en el futuro cercano lo estarían aún más.

Y en la locura, todos ordeñaban la vaca, sin mirar su estado de salud.

. Los ayuntamientos obteniendo pingües beneficios con las constantes recalificaciones y con la plusvalía municipal, sobre unos suelos que no dejaban de encarecerse, pelotazos y especulaciones aparte.

. Los bancos, que venden dinero, dando créditos por encima del precio de las casas, amañando las tasaciones para prestar más dinero  – lo estamos volviendo a ver-, dando el 100% del precio de los inmuebles, más los gastos, más el Cayenne. Incorporando a los contratos cláusulas abusivas, obligando al comprador que pagara los gastos y dándole más dinero para ello. Todo valía con tal de obtener las mejores cifras, más hipotecas, más beneficios, más crecimiento; todo era más. Y en un efecto perverso, pero de manual de macro economía, con tanto dinero en la calle los precios se disparaban día a día…y a más dinero, todo más caro.

. Los constructores y promotores, bien endeudados con los bancos, que les ponían alfombra roja cuando llegaban a la sucursal, levantaron bloques de viviendas en los patatales más insospechados, sin infraestructuras ni tejido social o laboral a su alrededor…total, todo se vendía. Y al mes siguiente en lugar de hacer una promoción hacían dos y engrasaban al que se pusiera a tiro de maletín para disponer de más terreno.

 Y también los particulares, enlazando la venta de un piso, por mucho más de lo que les había costado, con la hipoteca para otro que duplicaba el precio del anterior y si podía ser dúplex o chalecito en las afueras, mejor. Había dinero en abundancia, llegaba desde los mercados alemán e inglés, que veían en España un país con altas rentabilidades. Las hipotecas fluían y el mercado laboral, engrasado por tanto dinero en circulación, se movía con soltura, denostando a los mileuristas como si fueran pobres de solemnidad.

El sector de la construcción fue el paradigma de la situación. Empleo al 100%, salarios en la mano de obra especializada superiores a los de médicos e ingenieros, se juntaba una obra con otra y tiro porque me toca. Las constructoras, apalancadas, creaban mundos financieros ficticios, cuyos ceros no entraban en la página de un periódico. El ladrillo tenía más glamour que un Luis Roederer Brut Cristal del 96 al amanecer. Todos engordaban sus arcas a costa de la vaca y derrochaban en consecuencia…yates, helicópteros, aviones…

Durante esos años de locura, el parque de viviendas español se incrementó en 5,75 millones de casas y su valor, desde el año 98, se elevó en más de un 190%. Construíamos más que Francia, Alemania y Reino Unido juntos. “Afán constructor” decía una promotora en su publicidad. Todos habían perdido la perspectiva de que la vivienda no es un bien de consumo sino un derecho de primera necesidad. Y de que todo lo que sube un día baja.

Pero un día, después de nuestras últimas grandes vacaciones, allá por el 2007, todo se empezó a parar. La crisis llegó desde Estados Unidos y parece que hemos olvidado el chirrido del frenazo. La vaca dejó de dar, al menos para todos.

Antes, había llegado una nueva Ley del Suelo, la de Zapatero en 2007, que volvió a restringir el suelo urbanizable para evitar los pelotazos. Pero llegó tarde. El daño ya estaba hecho e íbamos a pagar sus consecuencias. Sobre todo, aquellos que se quedaron a ganar “el último duro” y los que se ataron a una casa cuya hipoteca duplicaba o triplicaba su precio real.

La vivienda ha sido la vaca que todos han ordeñado, administraciones, políticos, constructores, especuladores, bancos, cajas de ahorro –estas se llevaron el guiness de las locuras- impuestos, mordidas, comisiones, sueldos desproporcionados, todo cayó sobre ella y parecía que su precio y salud lo aguantaban. Las tropelías y pelotazos cometidos por unos y por otros en el ladrillo no tienen fin y jamás nos enteraremos de su verdadero alcance.

Los bancos, que ni pagaron la crisis ni sus culpas, lloran ahora por tener que devolver lo percibido por la cláusula suelo y los gastos hipotecarios, aunque tendrían que dar cuenta de muchas cosas más, como las tasaciones por encima del valor real y del IRPH que les llegará desde Europa. Los ayuntamientos, lo tributado por unas plusvalías inexistentes. Centenares, miles de constructoras y promotoras desaparecieron barridas por la crisis y sus pisos y promociones llegaron a los bancos que a su vez, pagado el movimiento con dinero público, pasaron “lo mejorcito” a la Sareb. Las Cajas de Ahorro, gestionadas por políticos y arribistas de toda laya,  eso sí, con traje y corbata, pasaron a la historia en su mayoría, siendo vendidas a los bancos  bien saneadas con dinero de todos, a precio de un euro por entidad y sus directivos escapándose de rositas, como los de Caixa Galicia, por inacción de la fiscalía.

Y el españolito de a pie, ese López Vázquez que un día se creyó rico, porque tenía un apartamento en la costa y un piso con muchos ceros, vio como su patrimonio duramente trabajado, se reducía a la mitad, al igual que su sueldo y perspectivas, teniendo que malvender el apartamento para conservar su casa. Eso en el mejor de los casos, porque también más de 600.000 familias españolas se vieron desahuciadas y despojadas de su sueño de cuatro paredes, por una situación en la que sólo han sido víctimas de un sistema corrupto. Y la sangre todavía sigue llegando a la calle, a veces desde un quinto piso….

Pero no pensemos que todo acabó allí y que la sensatez y la cordura entraron por una puerta, saliendo la corrupción y el enloquecido aprovechamiento de la vaca por otra. En época tan lejana del estallido de la crisis como es el 2012, el presidente del Gobierno del momento, Mariano Rajoy, impulsó el Real Decreto ley 18/2012, por el que el coste de las novaciones, cancelaciones y subrogaciones hipotecarias pasó a valer más del triple de lo estipulado en ese momento, enriqueciendo aún más a notarios y registradores, la vaca seuía produciendo. ¿Alguien sabe cuál es la profesión de M.Rajoy? ¿Y el significado de nepotismo? Ante las denuncias habidas por la aplicación del Real Decreto a los particulares, el Supremo ha confirmado el pasado junio que el cobro es incorrecto, pero sigue practicándose y hablar de devoluciones a estos personajes –notarios y registradores- es peor aún que decírselo a los bancos.

Otra muestra más de que la vivienda, junto con el coche, y la luz continúan siendo una vaca a la que no se deja nunca de ordeñar, es la actualización de los valores catastrales para 1.179 municipios con el fin de que el valor en el catastro de los inmuebles y los valores actuales de mercado sean lo más parecidos posible. Pues bien, con la revisión del 2019 el IBI subirá en unos 728 municipios y bajará en unas 449 localidades. Precisamente el IBI y la plusvalía municipal son dos de los principales impuestos municipales que explican las cuentas saneadas de los municipios, en superávit desde 2012. Las subidas de tipos y de valores catastrales ha provocado que desde 2008 la recaudación del IBI haya aumentado un 61%,  pese a que los valores de la vivienda sigan depreciados una media del 37%, habiendo llegado en algunos casos a superar el 55%.

Y veinte años después, ¿Dónde ha ido a parar el dinero perdido por los españoles? ¿Tienen nombre los culpables de la ruina del país y su deuda? ¿Quiénes se enriquecieron a costa de los demás? ¿Cuánto valían en realidad las viviendas que pagamos a 100? ¿Qué pasó con las Cajas de Ahorro y las indemnizaciones millonarias a sus directivos? ¿Y con el rescate? ¿Y con Bankia? ¿Y con el Popular? ¿Y si la vaca inmobiliaria, esa que tanto ordeñaron y quieren resucitar, no debiera servir más que para hacer starlux?